Litochoro

Las primeras tres semanas en Grecia se sintieron como simples vacaciones. El hecho de estar acompañada, de tener todo planificado de antemano y el ritmo frenético con el que saltamos de una atracción turística a otra, nos mantuvieron dentro de cierta zona de confort sin dejar mucho lugar para la improvisación ni lo inesperado. Por otro lado, viajar por Grecia me resulto sumamente fácil, el hecho de que todo el mundo hable muy buen ingles, hace que todo sea relativamente sencillo.
Pero a partir del momento en que empece a viajar sola sentí que empezaba el viaje propiamente dicho y era algo para lo que necesitaba prepararme. Descansar, aquietar la mente, empezar a hacer a planes, pensar el itinerario, e incluso ponerme a trabajar en el blog. Para eso elegí el pueblo de Litochoro, un lugar muy tranquilo a los pies del Monte Olimpo.
Desde Atenas existen dos alternativas para llegar a Litochoro, viajar en micro o en tren, cada una tiene sus ventajas y desventajas. Lo bueno del tren es que es más directo, no hay que hacer ningún conexión, pero lo malo es que la estación se encuentra a unos 5kms de la ciudad. Por otro lado, de viajar en bus tendría que tomar el que va a en dirección a Katerini, una ciudad un poco más grande algunos kilómetros al norte de Litochoro y allí tomar otro bus. Me decidí por el bus porque prefería hacer una conexión en una ciudad y no quedar varada en una estación de tren en el medio de la nada.
El viaje en si fue más sencillo de lo que pensaba. Esta vez tuve que ir a la terminal Liason de Atenas, que es de donde parten la mayoría de los buses que se dirigen al norte de Grecia, y es bastante más pequeña que Kifissos. Para llegar ahí tome el metro hasta la estación Agios Nikolaos y luego camine unos 700 metros hasta la terminal. Compre el ticket en la oficina que decía Katerini, y me senté a tomar un café mientras esperaba que llegue el bus. Llegadas las 9.45 partimos hacia Katerini.
En toda la región de los Balcanes, los buses de larga distancia no cuentan con baños, por lo que al mediodía hicimos una breve parada para almorzar y utilizar los servicios. Veinte minutos después subimos nuevamente al bus, y viajamos otras dos horas. Al ver el cartel de Litochoro, el bus hace una curva y parece que va a entrar al pueblo, pero de repente estaciona en la ruta y nos indican que bajemos. Desconcertada, estaba a punto de preguntarle al chófer que nos estaba ayudando a bajar los bolsos cuando me dice “Miss, you have to take that bus”. Ahí nomás veo que había otro bus que se había estacionado justo atrás nuestro y que el chófer estaba esperándome para subir la mochila.
Habremos viajado otros veinte minutos hasta llegar al centro del pueblo, donde nos dejo frente a una fuente de agua y una iglesia. Desde allí camine unos 100 metros hasta encontrar el minimarket donde me esperaba la mujer a quien le había alquilado una habitación.

Ella me había comentado que se podían hacer caminatas, por lo que al día siguiente le pregunte como hacer para llegar al inicio del sendero. Me dijo que baje hasta el centro del pueblo y desde allí camine por la calle Epineas, siempre bordeando el rio, o mejor aun que tome la calle que sale debajo de la iglesia.
Busque en vano esa calle, por debajo de la iglesia salia un camino que lleva hasta el rio, pero que luego se corta, y otro más parecido a una calle, pero que tampoco tenia salida. Tome algunas fotografiás y volví nuevamente hasta la fuente de agua.

Me decidí a tomar la calle Epinea que era bastante empinada y camine por allí unos minutos. Lo único que sabia era que tenia que bordear el rio, que usaba para tratar de orientarme. Mientras subía encontré algunos carteles que decían Epinea Cannyon y decidí seguirlos hasta llegar a lo que parecía ser la entrada del parque nacional. Al acercarme más vi que se trababa en realidad de un restaurante, pero siguiendo unos pocos metros más, encontré la entrada y algunos mapas de los senderos.
La casilla estaba cerrada y no había nadie cobrando entradas, pero el camino estaba abierto y había bastante gente en esta área. Empece a caminar y unos metros más adelante había un grupo grande de gente mirando hacia abajo y tomando fotografiás. Primero pensé que estaban tomando fotos del rio, pero no, había una pequeña lagartija de color negro con anillos anaranjados que ya se disponía a camuflarse entre las hojas, asustada por tanta atención.

Algunos metros más adelante, alcance una cascada y alguien se ofreció a tomarme una foto. Pero cuando quise seguir, vi que el camino estaba cerrado. Una puerta de reja cerrada con candado nos impedía continuar. Decepcionada, comencé el camino de vuelta pensando que habrían cerrado los senderos por ser temporada baja, pero cuando estaba ya casi saliendo del parque vi a mi derecha que a penas unos metros más arriba pasaba otro camino, marcado por una baranda de madera.

Al llegar al inicio de este sendero, había en realidad dos caminos. Uno hacia la izquierda que decía OM y tenia pintado un circulo rojo con fondo blanco, y el de la derecha con su baranda de madera y el cartel que indicaba E4. Decidí tomar este ultimo ya que recordaba que el E4 se trata de una ruta de trekking internacional que lleva hasta la cumbre del Monte Olimpo, pasando por distintos refugios, los cuales lamentablemente están cerrados en esta época del año. Debido al clima, todavía hay mucha nieve en la cima como para que el ascenso sea posible, por lo que los refugios no inician su actividad hasta mayo.
Aun así, sabia que era posible caminar hasta el primer refugio o hasta donde uno desee y luego regresar en el día. Esta parte del camino se encontraba bastante desolada, y es bastante agotador, ya que es casi siempre en subida y bastante empinado. Sin embargo, esta muy bien marcado y en su mayor parte tenia sombra. Al llegar a un claro, veo que hay unos bancos de piedra y me detengo a tomar agua y tomar algo. Desde acá se puede ver hacia atrás, y no solo apreciar el pueblo de Litochoro, sino que se llega a ver más allá, las playas y el mar que se funde con el cielo.

Continuo mi caminata, mayormente en ascenso, y cada tanto me detengo a tomar fotografiás. Llego nuevamente a otro sector con un banco de piedra, y mientras descanso unos minutos escucho unas voces lejanas que se acercan. Finalmente aparecen dos chicos adolescentes, que serian las únicas personas que me cruzaría en todo el camino.
Otro buen tramo de caminata en subida y llego a un mirador donde se tiene un vista impresionante de las montañas. Así que hago otra parada para descansar, y pienso que seguramente los dos chicos habían llegado a este lugar y decidieron pegar la vuelta. Pero era temprano todavía, y decidí caminar un poco más.

Ahora el camino empieza a descender, y durante un tramo largo el sendero es plano o en bajada. Cada vez se escucha el rio con mayor fuerza, aunque no puedo verlo por los arboles que me tapan la visión. Finalmente el camino llega a un punto donde el rio dobla y es posible observarlo.

Ya cansada, y viendo que no había gente en esta parte del camino, empiezo a pensar en el regreso, pero continuo unos minutos más hasta llegar a un punto donde el camino comienza a subir nuevamente haciendo un zigzag. Mientras subía y me preguntaba seriamente si se vería algo interesante al final de esa subida o seria más conveniente empezar a volver, veo la imagen de un perro blanco.
Hay que admitir que por mucho que me guste la naturaleza, caminar por este tipo de lugares siempre me genera cierto temor de toparme con algún animal. Aunque un perro, era lo ultimo que esperaba ver. Su presencia me sobresalto un poco, pero su expresión era amigable. Pensé que quizá venia con alguien, pero no se escuchaban personas. Nos quedamos unos segundos observándonos a la distancia, hasta que de repente empezó a bajar hasta pararse al lado mio. Se quedo a mi lado un instante y continuo bajando.
Pensé que quizá seria una señal de que era hora de volver y que el perro podría hacerme compañía en el regreso, pero ni bien empece el descenso lo perdí de vista, y no volví a verlo.
Volví por el mismo camino, pasando por los mismos miradores y deteniéndome en los mismos lugares. Al llegar al banco donde me había cruzado a los dos chicos, nuevamente me pareció escuchar voces a la distancia. Espere unos minutos para ver si venia alguien, y aproveche a tomarme esta foto, pero nadie apareció.

Ya en el ultimo tramo del camino, llegando casi a la entrada del parque me cruce con algunas personas. Baje hasta el pueblo por la misma calle por donde había venido y me senté a descansar un rato en una plaza, antes de volver a mi habitación.

Si lo que uno busca es descansar, Litochoro sin dudas es un buen lugar para hacerlo. Aunque es recomendable sobretodo a partir de mayo para poder hacer uso de los refugios y acercarse más al Monte Olimpo, y porque no hacer cumbre también. Por otro lado, el pueblo se encuentra a muy pocos kilómetros de la costa, por lo que permite combinar el trekking con la playa.
Por lo demás, es un lugar muy tranquilo, pero cerca del rio hay bastantes bares y restaurantes donde uno puede sentarse a comer, o simplemente elegir un banco para tomar sol y observar a los patos que nadan en el río.

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