Los monasterios de Meteora, una caminata sencilla

Nuestro siguiente destino fue Kalambaka, ciudad desde la cual se pueden visitar los monasterios de Meteora. Llegar hasta ahí nos tomo todo un día, ya que veníamos desde Nauplia. Al no haber ninguna conexión directa, debimos primero deshacer el camino para volver a Atenas. Caminamos poco más de un kilómetro hasta el centro de Nauplia, donde tomamos el bus que nos dejo en la terminal Kiffisos poco más de horas después.

Dado que los buses que parten hacia el norte de Grecia salen de otra terminal de bus, y que de todos modos íbamos a tener que trasladarnos, decidimos viajar a Kalambaka en tren. Para ello tomamos nuevamente el bus 051 que sale desde Kifissos y llega hasta la estación de Metro Omonnia. Como esta vez el bus no termina en Omonnia, sino que sigue su recorrido, íbamos atentas al gps del celular para ver cuando teníamos que bajar. Tan absortas estábamos que no nos habíamos dado cuenta que propio colectivo contaba con una pantalla donde se podía ver el mapa y el lugar exacto en el que estábamos en ese momento, y hasta nos daba la información del clima y el pronostico para los próximos días.

Aunque en Grecia, la tecnología a veces se mezcla con costumbres no tan educadas. Mientras mirábamos esto, la gente empezó a empujarse, ya que se utiliza la puerta del medio tanto para bajar como para subir. Se armo un griterío y hasta vimos como una mujer le daba golpes a un hombre que la había empujado. Si hay una cosa que caracteriza al pueblo griego es su forma constante de hablar a los gritos. Desde que el avión aterrizo en Atenas y los que estaban cinco filas más adelante empezaron a hablarse a los gritos con los que estaban en las ultimas filas del avión, pasando por los mozos que se gritan unos con otros para organizar los pedidos, hasta la gente que sentada en la vereda le grita al que pasa por enfrente solo para decirle ‘Kalimera’, es decir ‘Buen día’.

Una vez que llegamos a Omonnia, tomamos el metro que nos dejo en la estación de trenes Larisa, y allí compramos los tickets para salir a las 14hs, los cuales costaron algo más de 30 euros. A eso de las 18hs el tren se detuvo en Paleofarsalos, donde tuvimos que bajar y esperar otro tren, y después de una hora más de viaje finalmente llegamos a Kalambaka.

Nos costo un poco encontrar el hostel, y fue la única vez en todo mi viaje por Grecia que le pedí direcciones a alguien y no me supo responder en ingles. Me hizo la seña de dormir apoyando la cabeza sobre el dorso de la mano, y me señalo bajando la calle, pero no entendió cual era el hotel que nosotras buscábamos Unos metros más adelante, encontramos un chico más joven que nos supo indicar.

Al llegar le preguntamos al dueño del hostel como hacer para recorrer los monasterios. Sabíamos que hay tours organizados que te llevan en bus, y que no eran muy caros. Cuestan entre 20 y 25 euros por persona, duran unas 4hs y se pueden hacer por la mañana o por la tarde. Hay distintas variedades según uno quiera ver el amanecer, el atardecer, o hacer un poco de trekking, pero en general cada excusion permite visitar uno o dos monasterios.

George nos explico que se trataba de una caminata muy sencilla de unos 9km, y que teniendo todo el día nos convenía mucho más hacerlo por nuestra cuenta. ‘Very easy walk, well marked. You don’t get lost.’ Recordamos a George, sus palabras y a toda su familia, durante toda la caminata, que no fue tan sencilla, y dudo mucho que hayan sido solamente 9km.

A la mañana siguiente empezamos a subir por la calle que salia en la esquina del hostel, en dirección a las montañas. Después de un rato de caminata llegamos hasta una iglesia bizantina y una mujer que estaba cuidando nos indica que debemos pagar una entrada de dos euros. Si bien no nos permitió tomar fotografías adentro, el interior de la iglesia me sorprendió. Era la primera vez que entraba a una iglesia de este estilo, y a diferencia de otro tipo de iglesias, la totalidad de las paredes e incluso el techo se encontraban cubiertos por frescos con imagenes de santos y de escenas religiosas. Este mismo estilo encontraríamos después en cada uno de los monasterios que visitamos.

Tomamos una calle por detrás de la iglesia, y después de algunas vueltas llegamos finalmente al inicio de un sendero. A partir de allí fueron unos 40 minutos de caminata por el bosque hasta llegar al primer monasterio.

Meteora-2

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Hay que decir que cada uno de los monasterios se encuentra ubicado en lugares que están bastante más arriba que la ruta. Por lo que aun si hubiesen sido 9km, hay que sumar a eso todas las escaleras que tuvimos que subir para acceder a cada monasterio. Cada uno de ellos cuenta con una iglesia, siempre muy chica en comparación con las iglesias a las que estamos acostumbrados en otros lugares, y en general tienden a tener una forma que se acerca al cuadrado, y no la típica forma rectangular o en cruz. Acá tampoco permiten tomar fotografías de los frescos, pero si de los patios de los monasterios. La entrada en cada uno cuesta 3 euros, y en el caso de las mujeres, se exige el uso de pollera para poder entrar, pero las ofrecen gratuitamente en la entrada.

Meteora-5

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Al salir del primer monasterio, el cuidador nos habla en español y nos pregunta de donde somos. Al decirle que somos de Argentina, nos pregunta algo así como que quiere decir ‘Tango por dos’. Ale opinaba que quizá se refería al dicho ‘para bailar tango se necesitan dos’. Probablemente se refiriese a eso, pero en el momento nos desconcertamos un poco y no supimos responder. Antes de irnos, nos invita un cuadradito de loukoumi, una especie de gelatina sumamente dulce cubierta de azúcar impalpable.

A partir de allí tomamos la ruta hasta el siguiente monasterio. Si bien es cierto que el camino no tiene una banquina por la cual caminar, la ruta es ancha y pasan muy pocos autos y muy lento. Un par de autos hasta se detuvieron a preguntarnos en que dirección estaban los monasterios, pregunta sin mucho sentido ya que llegado a ese punto hay monasterios hacia ambos lados.

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Llegando al siguiente monasterio, nuevamente subimos las escaleras, recorremos, tomamos fotografías, y nos regalan otro pedacito loukoumi.

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Este es el ultimo de los monasterios que se encuentran a la derecha yendo desde el pueblo, por lo que ahora debemos retomar la ruta y deshacer el camino para ir hacia los monasterios que se encuentran en el otro extremo. Caminamos hasta llegar al siguiente monasterio.

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Este es el único de los monasterios que recorrimos que cuenta en la entrada con algunos puestos para comprar comida y souvenires. Después de recorrerlo, compramos algo para comer y seguimos camino hasta el gran Meteora, que es como indica su nombre es el monasterio más grande. Al llegar notamos que se encontraba cerrado, ya que en general cada monasterio cierra un día diferente de la semana, por lo que no es posible entrar a todos en el mismo día.

 Nuevamente deshacemos el camino por la ruta y tomamos una intersección que lleva por la ruta hacia el pueblo. Llegamos a un monasterio más, pero el cartel indica que ya esta cerrado pues solo abre hasta las 14hs. Aun así quise subir las escaleras para ver si se veía algo, pero no, solo me encontré con esta vista del monasterio de enfrente.

 Siguiendo por la ruta, empieza a salir el sol y logramos sacar algunas de las fotos más lindas del día. Nos encontramos todavía con un monasterio más, y con muchísimo esfuerzo logramos subir unas escaleras interminables, que nos recompensan con esta vista.

 Nuevamente en la ruta, el camino se vuelve más angosto y empezamos a caminar con un poco más de cuidado, aunque ya a esta hora no pasan muchos autos. Para nuestra desesperación nos damos cuenta que el pueblo al que estamos llegando no es el mismo del que partimos. Estamos ahora en Kastraki y tenemos que volver a Kalambaka. Recurrimos al gps y nos alegramos al ver que solo nos faltan dos kilómetros para llegar. Antes de caer desmayadas en el hostel, pasamos por un barcito a recuperar energías e invertir parte del dinero que ahorramos al no hacer el tour en una buena merienda.

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En retrospectiva no fue una caminata tan sencilla como suponíamos, pero pudimos ver mucho más de lo que hubiésemos visto en tour. Por lo que teniendo el tiempo y la posibilidad de hacerlo, realmente se aprecia mucho más de los monasterios y del paisaje cuando se recorre a pie. El esfuerzo valió la pena.

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