Mykonos, Isla de los vientos

Fuimos desde Santorini a Mykonos en ferry, saliendo poco antes de la una del mediodía y llegando a las tres de la tarde. Desde Fira hay un bus que lleva hasta el puerto y cuyo horario varia según el día y los ferries que salgan, de forma de dejarnos en el puerto aproximadamente una hora antes. Lo más recomendable es consultar los carteles el día anterior.

Al llegar a Mykonos, por el contrario, se trata de una isla mucho más chica, por lo que se puede llegar caminando tanto desde el nuevo como el viejo puerto, hasta el centro del pueblo en pocos minutos.

Al desembarcar nos encontramos con un viento tremendo, nada que ver con el clima que habíamos tenido unas horas antes en Santorini. Mientras intentábamos acercarnos a la costa, escuche a alguien decir que Mykonos es conocida como la isla de los vientos, y entonces entendí porque sus molinos son tan famosos.

Sobre la costanera hay una larga fila de bares y restaurantes, y en ese momento había toda una hilera de banderines colgados de poste a poste que el viento sacudía con furia. Nos acercamos a un bar a almorzar, y fue la única vez en todo nuestro viaje por Grecia, que no pudimos encontrar nada en el menú que nos convenciese en términos de calidad y precio, y tuvimos que levantarnos y ponernos a buscar otro lugar.

Todos los bares de la costanera son bastante caros. Nos detuvimos a hablar con un hombre que trabajaba en uno de los restaurantes y que nos ofreció que le demos un vistazo al menú. Le comentamos que estábamos sorprendidas por los precios de la isla, mucho más caros que en otros lugares de Grecia. El hombre nos confirmo que es así, que Mykonos es el lugar más caro de toda Grecia y que los precios que estábamos viendo eran los de temporada baja y todo sería un par de euros más caros dentro de algunas semanas. Finalmente el hombre nos recomendó ir al restaurante de al lado donde trabajaba un amigo de el, y que ofrecía platos con carne por precios entre ocho y diez euros.

Ese día descansamos, ya que con ese viento no se podía hacer mucho, y al día siguiente salimos a recorrer un poco. La isla es realmente chica, pero el centro de Mykonos es realmente pintoresco, mucho más que Santorini en mi opinión. Sin embargo, hay grandes sectores de la isla que no están poblados, por lo que muchas veces las casitas blancas no están unas pegadas con las otras como uno se imagina, sino distribuidas en las mesetas y rodeadas de verde.

Caminamos por la costa en dirección hacia la izquierda, hasta toparnos con los famosos molinos, y nos detuvimos a hacer algunas fotos. El entorno de los molinos no es el más cuidado, pero con un poco de ganas pudimos hacer algunas buenas fotografías.

Seguimos caminando en la misma dirección, hasta encontrarnos con una pequeña playa en la que no había nadie. Así que nos quedamos disfrutando y tomando sol un rato, a pesar del viento que de vez en cuando soplaba.

Por la tarde me quede descansando en el departamento y después de cenar fuimos en busca de algún barcito para salir. En la mayoría de los lugares no había mucha gente, pero pasamos por uno que tenia música y luces, y pensamos que ese era nuestro lugar.

Al entrar eran las nueve de la noche, pero la gente tenia un entusiasmo cual si fuesen las cuatro de la mañana. Había sido un día festivo, 25 de marzo, día en que se conmemora el comienzo de la lucha por independizar Grecia del imperio Otomano, y puede que esto haya aumentado el espíritu festivo y nacionalista.

En el bar la gran mayoría de los presentes eran griegos, y pasaban canciones tradicionales griegas que nadie se perdía de bailar. Hombres y mujeres de todas las edades, y sobretodo gente más grande que nosotras, bailando complicadas series de pasos mientras se mantenían en fila apoyando las manos en el hombro de los compañeros que tenían a sus costados.

Luego la música cambio y llego el momento de los bailes individuales. Mientras las mujeres bailaban, hombres arrodillados hacían palmas, y uno de los espectadores tomo un paquete de servilletas negras y no paro hasta haber tirado hasta la ultima sobre la bailarina.

Después de este espectáculo local, volvimos a nuestro departamento para descansar y reponer fuerzas para encarar nuestro próximo destino, la isla de Creta.

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