Rodas, Ciudad Medieval para Perderse

Desde Atenas se puede llegar a la isla de Rodas de dos maneras, o bien en ferry lo que implica un viaje de unas 16 horas, saliendo a las seis de la tarde y llegando a Rodas a la mañana siguiente, o bien en avión. Optamos por la segunda opción, sobretodo porque al encontrarnos en temporada baja no era posible sacar los pasajes de ferry con anticipación, ni siquiera saber si el ferry iba a empezar a funcionar para esa fecha o no.

Un viaje en taxi desde el centro de Atenas al aeropuerto cuesta 40 euros, pero el precio se eleva a 54 si el viaje se realiza en horario nocturno. Para evitar este costo, tomamos el bus X95 que sale desde la plaza Syntagma y tiene un costo de 6 euros por persona. Este bus funciona durante toda la noche y toma un poco más media hora hasta llegar al aeropuerto. Sin embargo tanto el metro como el tranvía que llevan hasta la plaza Syntagma funcionan solamente hasta la medianoche.

Por este motivo tuvimos que viajar más temprano, y mientras que nuestro vuelo salia a las seis de la mañana, nosotras llegamos al aeropuerto a la una, y nos dispusimos a buscar un lugar para dormir hasta que fuese la hora de despachar el equipaje. Unas tres horas de sueño acurrucadas en unas sillas bastante incomodas, más algunos minutos que dormimos en el avión. Sin dudas el viaje más corto de mi vida, cerré los ojos y al abrirlos ya estábamos aterrizando.

Desde el aeropuerto de Rodas es muy sencillo llegar al a ciudad. Al salir del aeropuerto hay un cartel que señala a la izquierda e indica que el bus se encuentra a 100 metros, donde ya lo vemos esperando para partir. El mismo termina su recorrido en el centro de la ciudad, cerca de la entrada de la ciudad vieja donde se encuentra nuestro departamento.

Con la ayuda del gps logramos encontrar nuestro camino hasta una de las plazas que forman el centro de la ciudad vieja, pero aun es muy temprano para que nos entreguen la habitación, apenas las ocho de la mañana. Pensamos en desayunar algo mientras esperamos, y nos sentamos en la plaza mientras vemos al dueño de un bar empezar a sacar las sillas a la vereda y preparar su local.

Los minutos pasan y el hombre sigue sacando más y más sillas en un ritual interminable. En la vereda de enfrente, otro hombre empieza a limpiar la vereda y el toldo con una manguera, y nos empezamos a preguntar quien de los dos terminara de abrir antes. Una hora después finalmente el buen hombre termina de acomodar las sillas y nos decidimos a sentarnos en una de las mesas. Nos dice que pidamos lo queramos, ya que abrió el local hace dos días y todo es fresco. Mientras desayunamos vemos como en la vereda de enfrente siguen limpiando el toldo durante una hora más.

Siendo ya las diez de la mañana, nos acercamos hasta el departamento, pero no hay nadie. Enseguida un vecino nos ve y viene a ayudarnos. Nos dice que Kostas seguramente este en una casa que hay bajando la calle, la casa con los tres escalones en la puerta. Mientras Ale se queda cuidando las mochilas, busco la casa de los tres escalones que al entrar parece un pequeño hotel, pero no hay nadie tampoco. Mientras tanto el hombre que se había quedado una cuadra atrás, empieza a hablar a los gritos con una mujer se encuentra cerca mio. La mujer parece no entenderle, y empieza a gritarle también, me habla a mi en griego, siguen gritando un rato largo.

Volví hasta la puerta del departamento y el hombre que sigue discutiendo con la mujer nos dice que van a llamar a Kostas, quien aparece unos diez minutos después y nos muestra el departamento. Siendo que es lunes y todos los museos están cerrados, dormimos unas tres horas hasta el mediodía y luego salimos a recorrer.

La ciudad vieja parece un pueblo fantasma, y la mayoría de los locales y restaurantes se encuentran cerrados. Y cuando un lugar esta abierto y nos ven pasar, enseguida empiezan a ofrecernos comida, café, bijouterie, quieren vendernos cualquier cosa. Tenemos la sensación de ser las únicas turistas del lugar. Bajamos hasta la parte nueva de la ciudad a comer algo, y luego hacemos una caminata por el puerto.

Esta parte de la ciudad no nos resulta tan interesante, así que empezamos a caminar por la costa hacia el otro lado, y después de un rato hacemos una parada para descansar y Ale se mete un poco en el agua.

Seguimos caminando bordeando las murallas de la vieja ciudad hasta llegar a un lugar donde comienza un sendero entre los muros. Estamos en la fosa de la fortaleza, con muros de gran altura tanto a nuestra izquierda como a nuestra derecha y nos imaginamos lo difícil que hubiese sido atravesar esa fosa de querer invadir la ciudad. El camino esta ahora parquizado con plantas y arboles, y vemos varias personas caminando o paseando a sus mascotas, así que empezamos a caminar.

Seguimos caminando durante unos cuarenta minutos sin ver ninguna salida. Empieza a caer la noche y la perspectiva de quedarnos adentro de la fosa no es la mejor. De vez en cuando vemos gente en la parte de arriba o cruzando la fosa mediante puentes y nos preguntamos como hicieron para llegar hasta arriba, con temor de haber pasado alguna salida y no haberla visto.

Después de un rato más, llegamos finalmente a la salida y pegamos la vuelta para ingresar nuevamente en la ciudad vieja.

Buscamos nuestro departamento, pero nos resulto muy difícil orientarnos. Todas las calles son muy similares entre si, y su diagrama no sigue ninguna forma lógica, sino que todas las calles parecen ir en todas direcciones y no hay manera de seguir una linea recta. Después de andar un buen rato nos frustramos, y tuvimos que recurrir al gps para encontrar el lugar.

A la mañana siguiente visitamos primero una iglesia y una mezquita que se encuentran en la ciudad vieja, pero que se encontraban cerradas por lo que solo pudimos verla desde afuera, y luego los dos museos más importantes del lugar, el museo arqueológico y el palacio de los grandes maestros.

El museo arqueológico se encuentra en un lindo edificio con varias salas que muestran vasijas y esculturas de distintas épocas. Se pueden ver algunas lapidas con escudos medievales.

Hay también una zona de jardín que forma parte del museo y que cuenta con esculturas y mosaicos.

Luego visitamos el palacio de los grandes maestros, en cuya entrada vemos un gran patio con algunas estatuas. 

Subiendo por una escalera, se puede ingresar a un gran numero de salas amuebladas con objetos originales.

También hay algunos mosaicos interesantes que se encuentran el piso de algunos de los corredores y las salas.

Después de almorzar, quisimos visitar el sitio arqueológico donde se encuentra la Acrópolis de Rodas, el cual esta en un monte a unos dos kilómetros del centro de la ciudad. Caminamos hasta el lugar, pero los restos son bastante escuetos. Quedan en pie unas pocas columnas de un templo, un estadio deportivo y un teatro.

De vuelta en la ciudad y cumplidas las actividades culturales del día, preguntamos si había alguna playa que pudiésemos visitar en colectivo, pero el vendedor de pasajes nos dice que ahí mismo en la ciudad de rodas se encuentra una de las mejores playas de la isla y nos indica que caminemos hacia el puerto y continuemos hacia nuestra izquierda, en dirección opuesta a la ciudad vieja.

La playa resulta ser muy linda en verdad, y para nuestra alegría esta casi desierta, a penas unas diez personas en toda la playa, lo que nos permite disfrutar de su tranquilidad.

Nos acostamos al sol durante un buen rato, y luego nos sentamos en un parador que se encuentra al comienzo de la playa. Fue una de las pocas veces que encontré un lugar que no tuviese menú en ingles, pero de todas formas el mozo nos explica que acaban de abrir y que de momento solo tienen bebidas y desayunos, por lo que tuvimos que conformarnos. Después de esta parada, nuevamente recurrir al gps e intentar encontrar nuestro departamento.

Este fue de los lugares que más me gustaron en todo el viaje. Las calles medievales, estrechas, empedradas, irregulares tienen un atractivo particular. Caminar, perderse, encontrar de repente una pequeña plaza con arboles enormes y antiguos, y pequeños bares para tomar cerveza, me resulto mucho más romántico que la mítica Santorini o Mykonos, o cualquier otro lugar dentro de Grecia.

Sin dudas su encanto se debió a lo desolado del lugar, y a ese aire de pueblo fantasma que tenia cuando llegamos, pero no recomendaría visitar ninguna de las islas famosas de Grecia en plena temporada. Cuando nos fuimos dos días después, todos los negocios y bares estaban abiertos a pesar de ser muy temprano. Por un segundo, nos reímos y pensamos que quizá nosotras habíamos inaugurado la temporada, pero al caminar hacia el centro vimos un crucero de grandes dimensiones en el puerto, y supimos que a eso se debía el movimiento, el primer crucero de la temporada.

Uno de los lugares a los que me encantaría volver algún día, y tener además la posibilidad de explorar el resto de la isla, donde ciudades como Lindos todavía me esperan.

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