Santorini

Para ir desde la isla de Rodas a Santorini, decidimos hacerlo en avión debido a la distancia y a que en temporada baja las opciones para viajar en ferry son bastante limitadas. El vuelo desde Rodas a Atenas dura unos 50 minutos, y desde Atenas a Santorini es otro tanto, y quizá incluso menos.

Con todo llegamos al aeropuerto de Santorini cerca de las dos de la tarde. Desde este aeropuerto existen algunos buses que conectan con distintos puntos de la isla, pero son muy poco frecuentes, y el cartel en la parada indicaba que el próximo pasaría recién a las cinco de la tarde.

Le consultamos a un taxista y nos pidió 18 euros para ir hasta Karterados, la ciudad donde se encontraba nuestro alojamiento. Nos pareció razonable y aceptamos, pero después nos dijo de esperar a otra pareja y que nos cobraría menos si íbamos todos en el mismo viaje, con lo que termino cobrándonos 15 euros.

Al llegar al departamento, la historia de siempre. Nadie para recibirnos. Golpeamos la puerta, aplaudimos. Confiamos en que algún vecino nos vería como siempre parece ocurrir en Grecia, pero al ver pasar una vecina, nos dice no conocer a los dueños. Empece a buscar en el teléfono alguna información de contacto, cuando apareció la vecina salvadora. Nos hace pasar, toca un timbre que no habíamos visto, intercambio de gritos con un balcón del segundo piso y minutos después nos hacen pasar al departamento.

Dejamos nuestras cosas y nos dispusimos a dar una vuelta. El departamento se encontraba a unos quince minutos a pie del centro de Fira, la capital de la isla, por lo que fuimos hasta allí. Ni Karterados ni Fira son lugares especialmente pintorescos. Quiero decir que en esta parte de la isla no encontramos las típicas casas blancas de ventanas azules que esperábamos ver. Hay algunas, pero no conforman un paisaje.

El lugar donde si se encuentra este tipo de arquitectura es Oia, una ciudad en el extremo norte de la isla, que es el lugar favorito para ver la puesta de sol. A las cuatro de la tarde tomamos un bus en esta dirección que sale desde la estación de buses de Fira, y media hora después nos encontrábamos allí. Los pasajes se suelen pagar siempre una vez arriba del micro, pero en la estación podemos encontrar un listado con los distintos destinos y sus horarios de ida y regreso. Es recomendable tomar una fotografía de los horarios antes de partir, ya que no encontraremos esta información en otros lugares de la isla.

Después de haber tenido la ciudad vieja de Rodas toda para nosotras, Oia me resulto excesivamente comercial, turística, exclusiva. No se puede negar que tiene su encanto, pero no me deslumbro. Tomamos algunas fotografías y nos dirigimos a un lugar alto donde un grupo de personas esperaba ya la puesta de sol.

Después de una hora de espera, finalmente vimos como el sol se escondía entre las nubes y nos resignamos a que eso seria todo lo que veríamos.

De regreso en Fira, paramos en un restaurante a cenar antes de volver a nuestro departamento. Pero al intentar volver, nos topamos con una de las situaciones mas difíciles que nos toco atravesar en el viaje. No recordábamos exactamente en que calle teníamos que doblar, por lo que pusimos el gps que tantas otras veces nos había llevado sanas y salvas a destino, y buscamos el nombre de nuestro departamento. Pero al llegar al lugar que indicaba el mapa, el departamento no estaba ahí. Nos había llevado al lugar incorrecto.

A diferencia del resto de las islas, en Santorini las calles no tienen nombre. Por lo que no teníamos ninguna dirección que pudiésemos buscar o siquiera preguntarle a alguien donde quedaba. Volvimos hacia atrás hasta una avenida en la que había algunos locales abiertos y preguntamos en un supermercado. El hombre nos dice que le suena nuestro departamento y que tendríamos que retroceder unas dos cuadras, pero que luego no se acuerda si es hacia la derecha o hacia la izquierda.

Hicimos un segundo intento preguntando en un restaurante, y la chica que atendía tuvo la amabilidad de buscar nuestro departamento en internet, fijarse donde quedaba e indicarnos como llegar. Después de estas peripecias, llegamos al alojamiento y descubrimos que la dueña nos había dejado unos dulces sobre la mesada. Una especie de torta fritas con almíbar que realmente nos levanto el animo.

En nuestro segundo día en Santorini, nos dedicamos a recorrer otros rincones de la isla. Existen dos tipos de circuitos que se pueden realizar, por mar o por tierra. Hay excursiones en barco que permiten visitar la caldera del volcán, y muchos de ellos llegan hasta Oia para ver el atardecer en una excursión combinada. La otro posibilidad es explorar la isla por tierra y esto puede hacerse en un tour o de forma independiente.

Fuimos nuevamente hasta Fira para tomar el bus que va a Atrokiri, un sitio arqueológico en la zona sur. Este lugar tiene restos prehistóricos relacionados con las civilizaciones de Minos y Micenas. Los mismo pueden observarse desde unas plataformas que hay construidas a su alrededor, pero dado que muchas de estas construcciones tienen dos o tres pisos, lo que puede verse desde la superficie es muy poco.

Los objetos encontrados en el lugar, fueron trasladados al Museo Arqueológico Nacional que se encuentra en Atenas, al igual que los frescos. Estas son algunas de las fotografías tomadas en el museo.

Muy cerca de este sitio, se encuentra la llamada Playa Roja. Un cartel indica que la playa se encuentra a siete minutos de caminata, pero apenas hacemos algunos metros, ya tenemos una visión de la misma. El día es templado, pero no lo suficientemente caluroso como para meterse al mar, por lo que me limito a mojar los pies.

Lo que mas me sorprende de estas playas, es que todo es muy pequeño. La playa no tiene mas que cien metros de ancho, y si bien es muy cómoda ahora que apenas somos diez personas en la misma, no quiero imaginar lo que debe ser en temporada alta.

Después de esta breve parada, volvemos a subir al bus a la una del mediodía en dirección a Perissa, una playa negra. Allí almorzamos en un restaurante y nos quedamos descansando un par de horas a orillas del mar hasta que empezó a refrescar.

Fuimos a esperar el bus, pero no recordábamos los horarios y nadie de los que trabajaba ahí parecía saberlos. Lo mejor que pudieron decirnos fue que nos fijemos en internet. Después de un largo rato de espera, Ale entro en uno de los restaurantes para usar los baños, y se encontró con que los horarios de los buses que nadie conocía, estaban pegados en el baño, y que nuestro bus estaba a punto de llegar.

En conclusión, es una isla que tiene algunas particularidades que la hacen destacar del resto, pero si lo que buscamos es un lugar romántico, me parece muchísimo mas recomendable visitar cualquier otra isla de menor tamaño y con menos visitantes.

En temporada baja, la cantidad de turistas es aceptable, pero aun así los precios de los alojamientos son muy altos. El lugar ideal para dormir podría ser Oia, para poder pasear por la ciudad en la noche, cuando la gran mayoría de los turistas ya se retiraron, aunque también es el mas costoso. Por otro lado, si vamos a recorrer varios lugares en la isla, hay que saber que todas las conexiones de bus se realizan en Fira, por lo que este es un lugar estratégico si vamos a movernos en transporte publico. De todos modos, el tamaño de la isla es bastante chico, y siempre y cuando estemos en un lugar donde podamos tener acceso a los servicios básicos, puede llegarse fácilmente a la capital en no mas de media hora.

A pesar de lo masivamente turístico, la isla tiene su encanto, y hubiese querido poder disfrutarla por mas tiempo, hacer el paseo en barco hasta el cráter del volcán, o aventurarme en algún trekking y caminar durante horas por playas de arenas negras o rojizas.

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