Templo de Poseidón en Cabo Sunión

Después de pasar diez días recorriendo las islas griegas, teníamos que volver a Atenas para seguir viaje. Decidimos volver en ferry y viajar durante la noche. Son unas nueve horas de viaje, saliendo a las 9 de la noche, y llegando al puerto de Piraeus a las 6 de la mañana. Viajamos en el barco ‘Knossos Palace’, una embarcación bastante grande, pero no teniendo tanto presupuesto, sacamos los tickets llamados ‘Deck’ que son asientos no numerados. Nos indicaron que podíamos estar en cualquier lugar a partir del piso 7.

La entrada estaba congestionada por adolescentes, pero por suerte la mayoría estaban alojados en cabinas. Encontramos un sector con asientos y como había poca gente, nos agarramos dos asientos cada una para poder acostarnos y dormir. Hacia un poco de frio, y dejaron las luces prendidas durante toda la noche, sin mencionar a los pibes dando vueltas por el barco, entrando y saliendo todo el tiempo. Aun así, pude dormir bastante, y cuando me desperté ya casi estábamos llegando.
Hay una linea de metro que llega hasta el puerto, y que usamos para llegar a nuestro hostel, donde pasaríamos una ultima noche juntas, antes de que Ale se tome el avión de regreso a Madrid para luego volver a Buenos Aires, y yo tomaría un micro con rumbo al norte de Grecia.
Como ya habíamos pasado cinco días en la ciudad y habíamos recorrido bastante, quisimos ir a un lugar en las afueras para ver la puesta del sol. Se trata del sitio arqueológico Templo de Poseidon, que se encuentra en cabo Sunión.
El viaje se puede hacer en transporte publico, tomando el bus de color crema y naranja que para poco mas de una cuadra al sur de la plaza Syntagma. Hay un cartel de color naranja, que indica su parada, aunque estaba bastante oculto tras una parada regular de colectivos. Este bus pasa cada una o dos horas, por lo que es recomendable consultar los horarios antes de viajar. El viaje dura unas dos horas, y hay un bus de regreso que sale minutos después de la puesta de sol, por lo que no es conveniente demorarse demasiado.
Tomamos el bus a las dos de la tarde y llegamos a eso de las cuatro. En el estacionamiento hay una cafetería y baños, pero fuera de eso es un área poco poblada. Entramos al sitio arqueológico, y no nos tomo demasiado tiempo recorrerlo. No había demasiada gente, y tuvimos tiempo de sacarle fotos al templo desde todos los ángulos, y de apreciar la vista también.

Desde donde estábamos se veían algunas playas, pero hacia demasiado frio como para bañarse y empezaba a levantarse viento. Enseguida nos dimos cuenta de que no había tenido sentido venir tan temprano y que todavía faltaban varias horas para la puesta de sol, que no iba a empezar hasta las 7 de la tarde. Nos sentamos al sol un rato, y cuando empezó a refrescar buscamos refugiarnos del viento mas cerca del templo.
A eso de las seis de la tarde llego otra tanda de gente que evidentemente había venido en el siguiente micro. Nos pasamos un buen rato observando a la gente, estudiando sus técnicas de levitación y hasta poniéndolas en practica.

Finalmente el sol empezó a bajar, y pudimos ver la puesta de sol, que fue bastante impresionante aun a pesar de las pocas nubes que había en el horizonte.

A las 8 ya era completamente de noche cuando llego el bus, y nos tomo otras dos horas para volver a la ciudad. Durante el viaje habíamos tenido pocas oportunidades de salir de noche, sobretodo por el ritmo acelerado con el que lo hicimos. Cuando uno esta tomando un avión o un ferry cada dos días, yendo de acá para allá y visitando lugares nuevos todo el tiempo, realmente quedan pocas fuerzas para disfrutar de las noches, y los primeros días caíamos desmayadas a veces tan temprano como a las 9 de la noche.
Pero esta noche era especial y teníamos muchas ganas de hacer algo, no solo porque era nuestra ultima noche juntas en Europa, sino que ademas coincidió con el cumpleaños numero 30 de Ale. Teníamos pensado pasar por el hostel a cambiarnos, pero viendo lo tarde que era, nos fuimos a comer así como estábamos. A esa hora, todos los lugares estaban llenos de gente, pero pudimos encontrar un buen lugar con comida grillada y bastante económico.
En el restaurante que elegimos no tenían nada que se parezca a una torta, ni siquiera un postre. Dimos algunas vueltas y entramos en una panadería para comprar algunos dulces típicos del lugar, que terminamos comiendo en el hostel junto a una taza de te.
Nos quedamos charlando un rato, aunque tampoco demasiado, ya que Ale tenia que levantarse a las 5 de la mañana para ir al aeropuerto. Aprovechamos para despedirnos, sabiendo que probablemente no fuese a despertarme a esa hora, y nos fuimos a dormir.

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